Convivir con un perro es mucho más que enseñarle a sentarse, venir cuando le llamamos o caminar junto a nosotros. La educación canina consiste, sobre todo, en aprender a comunicarnos con él, comprender sus necesidades y construir una relación basada en la confianza y el respeto.
En este curso aprenderemos a entender el comportamiento de los perros y acompañarlos en su aprendizaje, teniendo en cuenta su forma de comunicarse, sus emociones, su entorno y las características individuales de cada animal.
Trabajaremos herramientas prácticas para mejorar la convivencia cotidiana: comunicación y señales, llamada, paseo, gestión de estímulos, autocontrol, socialización, juego, aprendizaje y prevención de problemas de conducta. También aprenderemos a reconocer las señales que nos indican cuándo un perro está cómodo, inseguro, excitado o necesita distancia.
El objetivo no es conseguir un perro que simplemente obedezca, sino un perro que pueda desenvolverse con seguridad y confianza en su entorno y una persona capaz de comprenderlo y tomar buenas decisiones por él.
El curso combina conocimientos teóricos con ejercicios prácticos y situaciones reales, porque educar a un perro no consiste en aplicar una receta, sino en aprender a observar, comprender y adaptar nuestras respuestas a cada individuo.
¿A quién va dirigido?
A personas que conviven con perros, a quienes están pensando en incorporar uno a su familia y a cualquier persona interesada en comprender mejor su comportamiento y mejorar la relación con ellos.
No necesitas conocimientos previos. Solo ganas de aprender a mirar a los perros de otra manera.
Tema 2. Cómo aprende un perroSi en el tema anterior hablábamos de observar antes de intervenir, ahora toca entender qué pasa después.Porque un perro está aprendiendo prácticamente todo el tiempo.No solamente cuando nosotros estamos intentando enseñarle algo. Aprende durante un paseo, jugando, relacionándose con otros perros, observándonos, probando cosas y, sobre todo, viendo qué consecuencias tienen sus acciones.De hecho, muchas de las conductas que después queremos corregir son conductas que el perro ha aprendido perfectamente.El problema no es que no haya aprendido.Es que ha aprendido otra cosa distinta de la que nosotros queríamos.Aprender es relacionar cosasUna de las formas más básicas de aprendizaje consiste en establecer asociaciones.Algo ocurre y después ocurre otra cosa. Con el tiempo, una cosa empieza a anticipar la otra.Un ejemplo muy sencillo: cogemos la correa y el perro se emociona.La correa no es emocionante por sí misma. El perro ha aprendido lo que suele venir después.Correa → paseo.También puede ocurrir al contrario.Un perro que ha tenido varias experiencias desagradables con otros perros puede empezar a ponerse tenso simplemente cuando ve uno a lo lejos.Todavía no ha pasado nada, pero para él ya está pasando algo, porque ese estímulo se ha convertido en una señal de que posiblemente viene algo desagradable.Esto es importante porque significa que no siempre estamos trabajando sobre una conducta.Muchas veces estamos trabajando sobre las asociaciones que hay detrás de esa conducta.Las consecuencias importanOtra cosa que aprende el perro es qué consecuencias tienen sus acciones.Si hago algo y después consigo algo que quiero, es bastante probable que vuelva a intentarlo.Esto no tiene nada que ver con que el perro sea listo o manipulador.Es aprendizaje.Un perro que pone las patas encima de la mesa y consigue comida tiene una razón bastante buena para volver a ponerlas.Si ladra delante de una puerta y alguien se la abre, ha descubierto una estrategia.Si tira de la correa y consigue llegar hasta el árbol que quería oler, tirar ha funcionado.Y aquí aparece una idea bastante importante para la educación:Una conducta que funciona tiende a repetirse.Esto también explica por qué muchas veces estamos reforzando sin darnos cuenta comportamientos que después queremos eliminar.Podemos pasarnos veinte minutos intentando enseñar al perro a no saltar sobre nosotros y, al llegar a casa, saludarle mientras salta porque «pobrecito, qué ganas tenía de verme».Desde el punto de vista del perro, la información es bastante clara:Cuando salto, a veces consigo exactamente lo que quiero.No hace falta que exista una intención consciente detrás.Refuerzo no significa simplemente premioAquí conviene aclarar una palabra que vamos a utilizar bastante: **refuerzo**.En educación canina se habla mucho de premios, pero un refuerzo es algo más concreto.Es aquello que hace que una conducta tenga más probabilidades de repetirse.Puede ser comida, pero también salir a la calle, acercarse a otro perro, conseguir un juguete, recibir atención, alejarse de algo que nos incomoda o cualquier otra cosa que tenga valor para ese perro en ese momento.Por eso no podemos decidir nosotros qué es un refuerzo.Si a un perro no le interesa una pelota, la pelota no es un premio porque nosotros pensemos que debería serlo.Y si un perro tiene muchísimo miedo a otro perro, que ese perro se aleje puede tener muchísimo más valor que cualquier trozo de comida.Tenemos que observar qué funciona para cada individuo.El momento también importaPara que el perro pueda relacionar una conducta con su consecuencia, el momento en el que ocurre es importante.Si el perro viene cuando lo llamamos y esperamos treinta segundos para darle el premio mientras ya está haciendo otra cosa, probablemente no tendrá demasiado claro qué estamos premiando.Nosotros vemos la película completa.El perro aprende a partir de acontecimientos mucho más concretos.Por eso, cuando estamos enseñando algo nuevo, tenemos que intentar que la relación entre lo que hace el perro y lo que ocurre después sea bastante clara.Con el tiempo podremos ir haciendo las cosas más complejas, pero al principio interesa que el perro pueda entender fácilmente qué comportamiento estamos buscando.## También aprendemos sin darnos cuentaEsta es quizá una de las partes más importantes.El perro no solamente aprende cuando nosotros decidimos que estamos «entrenando».Aprende durante toda la convivencia.Si cada vez que llegamos a casa le hacemos caso cuando salta, está aprendiendo.Si cada vez que tira de la correa consigue avanzar hacia donde quiere, está aprendiendo.Si ladra en la ventana y nosotros vamos corriendo a mirar qué pasa, también está ocurriendo algo que puede influir en su conducta futura.Incluso nuestras rutinas pueden convertirse en señales para el perro.Cogemos las llaves y sabe que nos vamos.Nos ponemos los zapatos y sabe que puede venir el paseo.Abrimos determinado armario y sabe que probablemente aparece algo interesante.Los perros son bastante buenos encontrando patrones.Y esto nos lleva a una idea que vamos a utilizar mucho durante el curso:Todo lo que hacemos con un perro puede estar enseñándole algo, aunque nosotros no tengamos intención de enseñar nada.Por eso, antes de intentar cambiar una conducta, muchas veces tenemos que mirar qué estamos haciendo nosotros alrededor de ella.Porque quizá llevamos meses enseñándole exactamente lo contrario de lo que ahora queremos conseguir.
Tema 1. Antes de educar a un perro, hay que entenderloVamos a empezar por una cosa bastante básica: un perro no es un humano pequeño con pelo.Parece una obviedad, pero buena parte de los problemas que tenemos conviviendo con perros vienen precisamente de ahí. Esperamos que entiendan nuestras normas, nuestras intenciones y hasta nuestras explicaciones, mientras nosotros muchas veces ni siquiera nos hemos parado a pensar cómo perciben ellos el mundo.Y luego nos sorprendemos de que hagan cosas que, desde nuestro punto de vista, «no tienen sentido».El perro no está pensando en términos de «esto está bien y esto está mal». Está relacionándose con su entorno y aprendiendo de lo que ocurre.Si ladro y el otro perro se va, algo he conseguido.Si salto sobre una persona y me acaricia, algo he conseguido.Si me acerco a algo que me da miedo y aquello desaparece, también he conseguido algo.Si encuentro comida en el suelo, probablemente la próxima vez vuelva a mirar ahí.Así de sencillo puede llegar a ser el aprendizaje.Por eso, cuando un perro hace algo que no nos gusta, antes de preguntarnos cómo conseguir que deje de hacerlo, merece la pena preguntarnos qué está consiguiendo con ello.Y aquí hay una diferencia importante entre observar y poner etiquetas.«Mi perro ladra cuando ve otros perros» es una observación.«Mi perro es agresivo» ya es una interpretación.«Es dominante» todavía más.Y el problema de las etiquetas es que muchas veces nos dan la sensación de haber explicado algo cuando en realidad no hemos explicado absolutamente nada.¿Qué significa exactamente que un perro es dominante? ¿Qué está haciendo? ¿En qué situación? ¿Qué ocurre antes? ¿Qué ocurre después?Si queremos modificar una conducta necesitamos información, no etiquetas.Imaginemos un perro que tira de la correa y ladra cuando aparece otro perro.Puede estar asustado.Puede querer acercarse y frustrarse porque la correa se lo impide.Puede haber aprendido que ladrando consigue aumentar la distancia.Puede estar demasiado excitado para gestionar la situación.Y puede que ni siquiera sea siempre lo mismo. Los perros, como nosotros, no tienen un único estado emocional que explique todo lo que hacen.Por eso observar al perro es bastante más interesante que decidir rápidamente qué «tipo de perro» tenemos delante.También tenemos que aceptar que nosotros vivimos en un mundo bastante limitado desde el punto de vista sensorial.Salimos a pasear y vemos una calle.El perro sale y probablemente encuentra un mapa de olores.Para nosotros un árbol es un árbol. Para él puede contener información sobre quién ha pasado por allí, cuándo, en qué estado y posiblemente bastantes cosas más que nosotros ni olemos.Así que cuando un perro se queda cinco minutos oliendo una esquina no necesariamente está perdiendo el tiempo.Probablemente está haciendo cosas de perro.Y esto es importante porque a veces llamamos «educación» a impedir que el perro haga precisamente aquellas cosas que necesita hacer.Queremos que camine a nuestro ritmo, que no se pare, que no tire, que no huela demasiado, que no se distraiga, que ignore a los demás perros, que esté tranquilo cuando nosotros queremos que esté tranquilo...Y después nos preguntamos por qué tenemos un perro permanentemente excitado.Educar no debería consistir en conseguir que el perro deje de ser perro.Consiste en enseñarle a convivir con nosotros.Que son cosas bastante diferentes.Otra cuestión importante es que un perro puede saber hacer algo y no ser capaz de hacerlo en determinadas circunstancias.Esto genera muchísimos conflictos.El perro viene cuando lo llamamos en casa y no viene en el parque.«Pero si sabe venir.»Sí. En esa situación.El aprendizaje no funciona como una casilla que se marca y queda resuelta para siempre.El contexto importa muchísimo.No es lo mismo sentarse en el salón que sentarse mientras pasa un perro corriendo a dos metros. No es lo mismo acudir cuando estamos solos que hacerlo cuando hay veinte estímulos alrededor.Si aumentamos la dificultad demasiado deprisa, el perro simplemente deja de poder responder como esperamos.Y entonces solemos hacer algo bastante humano: repetir la orden más fuerte.«¡VEN!»«¡VEN!»«¡VEN!»Y el perro sigue sin venir.En realidad, probablemente no hemos conseguido que aprenda nada nuevo. Solo hemos aumentado el ruido.Aquí entra también el estado emocional.Un perro asustado no aprende igual que un perro tranquilo.Un perro completamente pasado de vueltas tampoco.Y esto es especialmente importante porque muchas veces intentamos solucionar un problema de comportamiento enseñando una conducta incompatible con él.El perro tiene miedo → «siéntate».El perro está reaccionando ante otro perro → «mírame».El perro está completamente excitado → «quieto».A veces funciona. Muchas veces no.Porque antes de preguntarnos qué queremos que haga el perro, tenemos que preguntarnos si en ese momento puede hacerlo.Y para saberlo tenemos que aprender a leerlo.Los perros están comunicándose constantemente. No empiezan a comunicarse cuando ladran o muerden. Mucho antes de eso ya nos han dicho bastantes cosas.La postura, la tensión del cuerpo, hacia dónde mira, cómo se mueve, si intenta acercarse o alejarse, cómo utiliza la boca, las orejas, la cola...El problema es que muchas de esas señales pasan completamente desapercibidas para nosotros.Y después aparece un gruñido y decimos:«De repente se ha puesto agresivo.»No. Probablemente no ha sido de repente.Lo que ocurre es que nosotros nos hemos perdido todo lo que vino antes.Por eso aprender educación canina es también aprender un poco de lenguaje canino.No para convertirnos en una especie de traductores perfectos —que tampoco existe tal cosa— sino para empezar a entender qué nos está diciendo el animal que tenemos delante.Porque al final esto va de una relación entre dos especies bastante diferentes.Nosotros tenemos que aprender cosas del perro y el perro tiene que aprender cosas de nosotros.Y cuanto mejor entendamos cómo funciona él, menos necesitaremos imponer cosas que probablemente ni siquiera tienen sentido desde su punto de vista.Así que la primera herramienta que vamos a aprender en este curso no es una orden.Es observar.La próxima vez que tu perro haga algo que no entiendas, prueba a no corregirlo inmediatamente.Míralo.¿Qué estaba pasando antes?¿Qué ha hecho exactamente?¿Qué ha ocurrido después?¿Lo hace siempre o solamente en determinadas situaciones?¿Está tranquilo, excitado, frustrado, asustado?Y una pregunta especialmente interesante:**¿Qué ha conseguido o qué ha evitado haciendo eso?**A partir de ahí empieza realmente la educación.No cuando conseguimos que el perro obedezca.Cuando empezamos a entender por qué hace lo que hace.
Tema 3.1. Enseñar en lugar de corregirYa sabemos que los perros aprenden de las consecuencias de lo que hacen. Ahora podemos empezar a utilizar esto de forma consciente.Hay una diferencia bastante importante entre corregir una conducta y enseñar una alternativa.Si un perro salta encima de las personas y simplemente intentamos impedir que salte, el perro sabe lo que no queremos, pero no necesariamente sabe qué queremos que haga.Podemos apartarlo, decirle que no o sujetarlo, pero la pregunta sigue siendo la misma:¿Qué puede hacer entonces?Si queremos que deje de saltar, tendremos que enseñarle una conducta que pueda utilizar en esa situación. Por ejemplo, esperar con las cuatro patas en el suelo para recibir el saludo.Esto sirve para muchísimas cosas.Si no queremos que tire de la correa, tenemos que enseñarle qué significa caminar con nosotros.Si no queremos que robe comida, podemos enseñarle qué hacer mientras nosotros estamos comiendo.Si no queremos que salte, podemos enseñarle otra forma de saludar.La idea es bastante sencilla:no se trata solamente de quitar una conducta, sino de construir otra.Y para construirla no necesitamos esperar a que el perro lo haga perfecto.Podemos ir por partes.Si queremos enseñarle a ir a su cama, primero puede acercarse. Después entrar. Después quedarse unos segundos. Poco a poco aumentamos el tiempo y la dificultad.Si empezamos directamente con diez minutos mientras hacemos la cena, probablemente le estamos pidiendo demasiado.No es que no quiera aprender.Es que todavía no sabe hacerlo.Por eso conviene dividir las conductas difíciles en pasos que el perro pueda entender.También tenemos que tener en cuenta el entorno.Una conducta que funciona perfectamente en casa puede desaparecer cuando salimos a la calle.No porque el perro se haya olvidado, sino porque ahora hay más estímulos y la dificultad ha aumentado.La educación consiste en ir aumentando esa dificultad progresivamente.Primero aprendemos la conducta.Después vamos añadiendo distracciones, distancia, tiempo y situaciones diferentes.No podemos pedirle al perro que haga perfectamente algo que todavía no hemos practicado en esas condiciones.
Tema 3.2. Cómo enseñar una conductaAhora que sabemos que una conducta puede aprenderse y mantenerse por sus consecuencias, vamos a ver cómo podemos enseñarla de una forma sencilla.La primera regla es muy básica:No podemos pedirle al perro algo que todavía no le hemos enseñado.Parece evidente, pero muchas veces esperamos que el perro sepa qué queremos sin habérselo explicado antes.Por ejemplo, si queremos que aprenda a quedarse en su cama, no tiene sentido llevarlo allí y esperar que permanezca diez minutos mientras hacemos la cena.Primero tenemos que enseñarle qué significa estar en la cama.Podemos empezar premiando que se acerque. Después, que entre. Luego que permanezca unos segundos. Cuando eso ya sea fácil, aumentamos un poco el tiempo.Y así vamos construyendo la conducta.Vamos de fácil a difícilUna de las claves para enseñar bien es no poner las cosas demasiado difíciles demasiado pronto.Imaginemos que estamos enseñando la llamada.Primero podemos practicar en casa.Cuando funciona, pasamos a un lugar tranquilo y con pocas distracciones.Después podemos aumentar la distancia.Más adelante añadiremos distracciones y, finalmente, podremos practicar en lugares mucho más complicados.Cada paso tiene que estar suficientemente consolidado antes de pasar al siguiente.Si el perro falla continuamente, probablemente no es que sea desobediente. Lo más probable es que el ejercicio sea demasiado difícil.En ese caso, volvemos a hacerlo más fácil.¿Y si utilizamos comida?Al principio podemos utilizar comida para ayudar al perro a entender lo que queremos.Por ejemplo, podemos guiarlo hasta su cama y premiarlo cuando entra.Pero la comida no debería estar siempre delante de su nariz.Una vez que empieza a entender el ejercicio, vamos retirando poco a poco esa ayuda.Queremos que termine respondiendo a nuestra señal porque ha aprendido la conducta, no porque esté siguiendo un trozo de comida.¿Qué hacemos cuando se equivoca?Nada especial.No hace falta enfadarse ni repetir la orden veinte veces.Simplemente nos preguntamos qué podemos cambiar.Si queríamos que esperara diez segundos y solo aguanta tres, volvemos a trabajar con tres.Si no consigue venir desde diez metros, probamos desde tres.Si hay demasiadas distracciones, buscamos un lugar más tranquilo.El error nos indica que tenemos que ajustar el ejercicio.Y esto es importante: que un perro falle no significa que no esté aprendiendo.Significa que tenemos información sobre lo que todavía le cuesta.Una cosa cada vezCuando enseñamos algo nuevo, intentemos no complicarlo todo a la vez.Si estamos enseñando a caminar sin tirar, no necesitamos hacerlo inmediatamente en una calle llena de perros, bicicletas, niños, coches y ruido.Primero enseñamos la conducta en una situación sencilla.Después vamos añadiendo dificultades.Así el perro tiene muchas más posibilidades de entender qué queremos.Y nosotros también podemos saber qué parte del ejercicio está fallando.El objetivoAl final, lo que buscamos es que el perro pueda hacer la conducta sin depender constantemente de nuestra ayuda.Primero le enseñamos.Después practicamos.Luego aumentamos poco a poco la dificultad.Y finalmente llevamos lo aprendido a diferentes situaciones.No necesitamos que lo haga perfecto desde el primer día.Necesitamos que cada vez entienda un poco mejor qué esperamos de él.Esa es la base para enseñar cualquier conducta.
Tema 4. Las perrunidades No todos los perros vienen con el mismo carácter.Hay perros que necesitan investigar todo, otros que prefieren observar, algunos se emocionan con cualquier cosa y otros necesitan bastante tiempo para entrar en confianza.Y aunque hay cosas que todos los perros tienen en común, cada uno las combina de una manera diferente.Por eso no podemos educarlos a todos exactamente igual.Llamaremos perrunidades a esas tendencias que hacen que cada perro sea un individuo diferente.No son categorías cerradas ni etiquetas. Un perro puede tener varias y también puede comportarse de forma diferente dependiendo de la situación.1. El explorador Necesita enterarse de todo lo que ocurre a su alrededor.Todo merece ser olido, investigado y comprobado. Los lugares nuevos pueden resultarle especialmente interesantes porque hay un montón de información que procesar.2. El sociable Para él, personas y perros son acontecimientos importantes.Busca acercarse, interactuar y participar en lo que ocurre a su alrededor.Pero ser sociable no significa necesariamente querer saludar a todo el mundo.3. El prudente Prefiere mirar antes de decidir.Ante algo nuevo puede quedarse observando, mantener cierta distancia y acercarse cuando considera que es seguro.Un perro prudente no tiene por qué ser miedoso. Simplemente necesita más información antes de actuar.4. El sensible Percibe los cambios con bastante intensidad.Un ruido, un ambiente diferente, una persona que se mueve de forma extraña o una experiencia nueva pueden afectarle más que a otros perros.Aquí importa mucho cómo se recupera después de algo que le ha alterado.5. El acelerado Se activa fácilmente y le cuesta bajar revoluciones.El juego, otros perros, ciertos lugares o cualquier cosa emocionante pueden llevarle rápidamente a un nivel de activación alto.Una de sus grandes tareas será aprender también a volver a la calma.6. El independiente Tiene bastante claro que puede tomar sus propias decisiones.Puede explorar, descansar o entretenerse sin necesitar nuestra atención constantemente.Ser independiente no significa tener menos vínculo con nosotros.7. El cazador El movimiento le enciende una bombilla.Gatos, palomas, bicicletas, pelotas o cualquier cosa que salga corriendo puede despertar una respuesta muy intensa.En este tipo de conducta la genética puede tener bastante peso.8. El negociador Este ha descubierto que las conductas tienen consecuencias.Cuando quiere algo, prueba cosas: nos mira, insiste, trae un juguete o inventa alguna estrategia para conseguirlo.No es que sea manipulador. Simplemente ha aprendido qué le funciona.9. El frustrable Cuando algo no sale como esperaba, le cuesta gestionarlo.Esperar, no poder acceder a algo o tener que abandonar una actividad puede generar mucha frustración.Aquí tendremos que enseñarle poco a poco que no conseguir algo inmediatamente no significa que el mundo se acabe.10. El resolutivo Cuando aparece un problema, prueba cosas.Puede insistir, cambiar de estrategia y buscar diferentes maneras de conseguir lo que quiere.Esta capacidad para probar y aprender puede convertirse en una herramienta estupenda durante la educación.Y seguramente tu perro no sea solamente uno de estos.Puede ser explorador y sensible. Sociable y acelerado. Prudente y resolutivo. Independiente y negociador.Incluso puede mostrar una perrunidad en una situación y otra completamente diferente en otra.Y precisamente por eso, en el siguiente tema vamos a aprender a observarlo para descubrir cómo es realmente nuestro perro.No queremos ponerle una etiqueta.Queremos conocerlo.
Tema 5. ¿Qué perrunidad tiene mi perro?Ahora que conocemos algunas de las perrunidades, vamos a intentar descubrir cuáles aparecen en nuestro perro.Pero no vamos a hacer un test y marcar una casilla.Vamos a observar.Porque un perro puede ser muy independiente en casa y convertirse en una lapa en un sitio nuevo. Puede ser sociable con los perros que conoce y prudente con los desconocidos. Puede estar tranquilo en su barrio y completamente revolucionado en otro lugar.El contexto importa mucho.Una pequeña guía para observarCuando observes a tu perro, intenta seguir siempre este orden:1. Mira el contexto. ¿Qué está pasando? ¿Dónde está? ¿Quién hay? ¿Qué acaba de ocurrir?2. Mira el cuerpo entero. No interpretes una cola, unas orejas o un bostezo por separado. Observa postura, movimiento, tensión, mirada, orejas y cola en conjunto.3. Mira qué hace. ¿Se acerca, se aleja, explora, se queda quieto, busca contacto, olfatea, juega?4. Mira qué ocurre después. ¿Se relaja? ¿Se activa más? ¿Se aleja? ¿Vuelve a explorar?Por ejemplo, si aparece otro perro, no te quedes solamente con mueve la cola.Mira cómo lleva el cuerpo, si está suelto o rígido, hacia dónde mira, si se acerca directamente o haciendo una curva, si intenta aumentar la distancia y qué hace después.Algunas señales que podemos encontrar son:- Cuerpo suelto o rígido;- Movimiento fluido o muy contenido;- Cola relajada, elevada, baja o escondida;- Orejas hacia delante, atrás o cambiando constantemente;- Mirada directa o apartando la mirada;- Acercarse o alejarse;- Lamerse el hocico, bostezar o sacudirse;- Quedarse quieto de repente.Una señal aislada no nos dice exactamente qué siente el perro. Tenemos que mirar el conjunto y el contexto.Ahora sí, vamos a observar sus perrunidades.En casa ¿Está pendiente de nosotros o hace su vida?¿Busca constantemente actividad o sabe relajarse?¿Juega solo?¿Nos pide cosas? ¿Cómo las pide?En su zona habitual ¿Explora o va pendiente de nosotros?¿Se interesa por personas y perros?¿Se distrae fácilmente?¿Puede volver a la calma después de algo emocionante?En un lugar nuevo ¿Se lanza a investigar o necesita observar primero?¿Busca nuestra referencia?¿Se activa muchísimo?¿Se muestra más prudente de lo habitual?Con otros perros No nos fijemos solamente en si se lleva bien.Observemos qué hace antes, durante y después.¿Busca acercarse?¿Prefiere mantener distancia?¿Se emociona demasiado?¿Puede alejarse y seguir con su vida?Con personas¿Es igual con todo el mundo?¿Se acerca rápidamente?¿Observa primero?¿Busca contacto?¿Prefiere que no le invadan?Ante algo nuevoPuede ser un objeto, un ruido, un lugar o una situación que no conoce.Observa qué hace.¿Investiga?¿Se queda mirando?¿Se aleja?¿Busca nuestra ayuda?¿Se recupera rápidamente?Y hay una pregunta especialmente interesante:¿Qué ocurre cuando no puede conseguir lo que quiere?Ahí podemos descubrir bastante sobre su frustración.¿Espera?¿Prueba otra estrategia?¿Insiste?¿Se enfada?¿Abandona?No provoques situaciones para frustrarlo. Simplemente aprovecha las situaciones normales que aparecen durante el día.Y tampoco intentes cambiar su comportamiento mientras haces esta observación.Durante estos días no estamos entrenando.Estamos conociéndolo.Al terminar, intenta hacer una pequeña descripción:"Mi perro es bastante explorador, se activa mucho con otros perros, necesita tiempo en lugares nuevos, es independiente en casa y bastante negociador cuando quiere algo."Eso nos dará mucha más información que decir simplemente es nervioso o es obediente.Y recuerda: las perrunidades no son etiquetas permanentes.Nuestro perro puede comportarse de una manera cuando se siente seguro y de otra cuando está cansado, asustado, excitado o en un lugar desconocido.Conocer esas diferencias nos permitirá adaptar la educación al perro que tenemos delante.
Tema 6. Y yo, ¿qué estoy haciendo?Porque nuestro perro no vive en un laboratorio ni aprende de manera aislada. Nosotros formamos parte de su entorno y, aunque no nos demos cuenta, nuestra forma de actuar puede influir muchísimo en lo que hace.Y por eso creo que la mayoría de las veces, cuando queremos mejorar una situación con nuestro perro, el primer cambio tiene que empezar en nosotros.No porque «todo sea culpa del humano», sino porque es la parte de la relación sobre la que realmente tenemos capacidad de actuar.No podemos decidir qué siente nuestro perro, qué experiencias ha tenido o qué predisposición genética tiene. Pero sí podemos decidir cómo respondemos nosotros ante lo que ocurre.Podemos aprender a no tensarnos automáticamente cuando aparece otro perro, a no repetir una orden veinte veces cuando no está funcionando, a darle más tiempo cuando algo le cuesta o a dejar de interpretar cada comportamiento como un problema que tenemos que solucionar inmediatamente.Y esto tiene una consecuencia bastante curiosa: cuanto mejor aprendemos a observar al perro, también podemos empezar a observarnos a nosotros mismos.Durante una semana vamos a hacer el mismo ejercicio que en el tema anterior, pero esta vez observando a los dos.Cuando ocurra algo interesante, apunta:¿Qué estaba pasando?¿Qué hizo mi perro y qué señales corporales mostró?¿Cómo parecía encontrarse?¿Qué hice yo inmediatamente después?¿Cómo estaba yo en ese momento: tranquilo, nervioso, con prisa, enfadado, preocupado...?¿Qué esperaba que hiciera mi perro?¿Y qué ocurrió finalmente?No buscamos culpables ni intentamos demostrar que lo estamos haciendo mal. Queremos descubrir patrones que normalmente pasan desapercibidos.Quizá descubras que cuando tienes prisa tu perro está más acelerado, que cuando tú te relajas él recupera antes la calma, que determinadas conductas aparecen después de que hagas algo concreto o que algunas cosas que querías corregir llevan tiempo siendo reforzadas sin querer.Y quizá descubras también algo sobre ti.Que te cuesta esperar.Que necesitas tenerlo todo bajo control.Que te pones nervioso cuando las cosas no salen como esperabas.Que interpretas demasiado rápido una situación.Que te enfadas con el perro cuando en realidad estás cansado o llevas todo el día con prisa.El perro puede convertirse en un espejo bastante cabrón en ese sentido 😂.Pero también puede ayudarnos a tomarnos la vida con un poco más de perspectiva.Un paseo que sale mal no es una catástrofe. Un ejercicio que hoy no funciona no significa que hayamos fracasado. Un perro que tiene un mal día sigue siendo el mismo perro al día siguiente.Aprender a observar antes de reaccionar, aceptar que no siempre podemos controlar lo que ocurre y adaptar nuestras expectativas a la situación son habilidades que nos sirven mucho más allá de la educación canina.Al final, educar a un perro no consiste solamente en conseguir que se comporte como nosotros queremos.Consiste también en aprender a convivir con otro ser que tiene sus propias necesidades, emociones y maneras de entender el mundo.Y muchas veces, para que algo cambie entre los dos, el primer movimiento tiene que salir de nuestro lado de la correa.